Un año después de participar en el Festival de Toronto con su cortometraje Madre, el director madrileño Rodrigo Sorogoyen es el primero de los dos cineastas españoles que pasarán por el certamen canadiense antes de saltar el charco y luchar por la Concha de Oro de San Sebastián. Lo hace con El reino, una película destinada a la polémica y el debate a pesar de su comprensible, cauta ¿y cobarde? decisión de no poner partidos políticos y lugares a las situaciones que se denuncian en la primera gran producción española del siglo XXI que denuncia la corrupción que ha provocado mayor desconexión entre los políticos y los ciudadanos en la historia de la democracia.
A pesar de los continuos escándalos que han afectado a los principales partidos políticos españoles, sólo B, la película se había atrevido a meter el dedo en la llaga de uno de los mayores cánceres de nuestra sociedad, un fenómeno que se extiende cultural y socialmente al español medio, como dejan claro Sorogoyen y su coguionista Isabel Peña en una de las escenas más inspiradas de la película: un cliente de un bar paga al camarero con diez euros y éste, sin darse cuenta, le devuelve más de quince. En cuestión de segundos, debe decidir si es honrado y devuelve el dinero, o si es pícaro y se lo queda. La respuesta es evidente.
El reino es una película importante, una necesaria y dura crítica al sistema que nace dentro del propio sistema. Atresmedia Cine, productora de fenómenos aparentemente asépticos como El mejor verano de mi vida y La tribu, es la principal propulsora de una película que se atreve a cuestionar el posicionamiento de los medios de comunicación (y de los partidos políticos que sobrevuelan en su día a día sobre ellos). En un país en el que la ficción con vocación mainstream es víctima de la despolitización más extrema, la película de Sorogoyen es una apuesta que, si bien no pone nombres, sí refleja situaciones reconocibles para el espectador que quiera encontrarlas, haciendo buena la famosa coletilla de Ana Pastor: “estos son los datos, suyas son las conclusiones”. La mención a la periodista de la Sexta, avisamos, no es casual. En El reino todo está relacionado, todo es reconocible y, por universal que resulte el concepto de la corrupción, todo es muy español y mucho español, desde las fiestas en barcos hasta las peleas por comerse el último carabinero.
Sorogoyen se enfrenta aquí a su primera película de ambiciones políticas y sociales, pero no se olvida del personalísimo estilo que le ha convertido en uno de los pilares del nuevo cine español con tan solo tres películas en su filmografía como director en solitario. La incomodidad, uno de los ingredientes estrella de Stockholm y Que Dios nos perdone, vuelve a hacer acto de presencia en su cine gracias a la desasosegante banda sonora de su colaborador habitual, Olivier Arson, que firma una partitura que recuerda a la música de La red social de David Fincher, un filme con el que El reino comparte la predilección por la tensión y los diálogos eléctricos para contar uno de esos fenómenos que más y mejor han definido el siglo XXI. La huella del director está en todas partes, incluyendo una agobiante y alargada secuencia en la que el político protagonista pierde los papeles en su última oportunidad por salvaguardar su futuro. Ahí Sorogoyen lleva al extremo al espectador, a los personajes y a la propia situación, cruzando la línea de lo verosímil por primera y única vez en una película que resulta dolorosamente auténtica en todo su metraje.
En lo que no hay debate posible es la decisión de colocar en el centro de la película a Antonio de la Torre, un intérprete superlativo (en cuyo historial figura un único Goya, por mucho que algunos crean que es el niño mimado de la Academia) que es capaz de hacer que el espectador se ponga de su lado a pesar de ser un villano manipulador, corrupto y peligroso que está dispuesto a todo por salvarse el culo. El actor malagueño es el dueño de la función, pero en el reparto también hay personajes memorables para Ana Wagener y Luis Zahera, dos de esos secundarios que siempre han dignificado el cine español, aunque todos los actores tienen su momento de brillar al lado de De la Torre, presente en todas las escenas de la película.
Sorogoyen y Peña superan con nota el desafío de retratar, con el machete en una mano y cal viva en la otra, el fenómeno de la corrupción en España, pero aún tienen por delante su mayor incertidumbre: ver cuál es la reacción de un país que está harto (y que quizás no quiera ir al cine a recordar cómo la clase política se ha reído de ellos durante años) y de unos políticos que van a ver sus vergüenzas expuestas en una pantalla gigante. Ya era hora.
Dirección: Rodrigo Sorogoyen
Reparto: Antonio de la Torre, Mónica López, Josep Maria Pou, Nacho Fresneda, Ana Wagener, Bárbara Lennie, Luis Zahera, Francisco Reyes, Andrés Lima
Título en V.O: El reino
Nacionalidad: España Año: 2018 Fecha de estreno: 28-09-2018 Género: Thriller Color o en B/N: Color Guión: Rodrigo Sorogoyen, Isabel Peña
Sinopsis: Manuel (Antonio de la Torre), un influyente vicesecretario autonómico que lo tiene todo a favor para dar el salto a la política nacional, observa cómo su perfecta vida se desmorona a partir de unas filtraciones que le implican en una trama de corrupción junto a Paco, uno de sus mejores amigos. Mientras los medios de comunicación empiezan a hacerse eco de las dimensiones del escándalo, el partido cierra filas y únicamente Paco sale indemne.