¿De qué va? Un solitario chico alemán Jojo "Rabbit" Betzler (Roman Griffin Davis) ve su mundo dar la vuelta cuando descubre que su madre soltera, Rosie (Scarlett Johansson), está escondiendo a una joven judía (Thomasin McKenzie) en su ático. Ayudado solo por su amigo imaginario, Adolf Hitler (Taika Waititi), Jojo debe enfrentarse a su ciego nacionalismo y a las contradicciones de una guerra absurda.
¿Y qué tal? Atreverse a hacer una sátira sobre el nazismo alemán en tiempos de la corrección política, Twitter y el resurgimiento de la extrema derecha resulta toda una declaración de intenciones. Nadie puede acusar a Taika Waititi de no ser un valiente. El director, actor y guionista podría haber optado por dirigir la nueva secuela de 'Thor' (la verdadera prioridad de Disney), pero el neozelandés opta por acercarse desde la sátira a una de las mayores tragedias de la historia de la humanidad dentro de una industria, Hollywood, que está controlada por las propias víctimas de ese genocidio: los judíos. Un pequeño recordatorio: Steven Spielberg, el responsable de la obra maestra definitiva del cine del nazismo ('La lista de Schindler'), tiene como norma no escrita negarse a firmar cualquier poster o material relacionado con la película protagonizada por Liam Neeson. Hay temas que son intocables. O lo eran, hasta que el director de 'Lo que hacemos en las sombras' y 'Thor: Ragnarok' se ha decidido a llevar al cine el best-seller 'Caging Skies' de Christine Leunens.
La apuesta de Waititi resulta tan divertida como, sorprendentemente, hermosa: la ironía y lo absurdo de la premisa es un caballo de Troya para acabar creando una fábula sobre la necesidad de empatía en tiempos de guerra y una entrañable historia de amistad entre dos personajes antagonistas. El objetivo del cineasta parece ser claro: engatusar a la audiencia con el artificio (ver cómo Adolf Hitler es el mejor amigo imaginario de un solitario niño obsesionado con la causa nazi) para hacerle abandonar la sala con la sensación de que necesitamos ponernos en la piel de los demás para sobrevivir en un mundo tan marciano como el que nos ha tocado vivir. Su moraleja es sorprendentemente básica, más de lo que problablemente crea el propio director y guionista. Irónicamente, cuanto más juega 'Jojo Rabbit' con su teóricamente provocadora premisa, menos rompedora resulta.
Durante las últimas semanas se llegaron a publicar rumores de que Disney se había planteado cancelar el estreno de la película por temor a que fuera demasiado controvertida (y de paso, según las malas lenguas, no enfadar a su base de fans más conservadora), pero resultaría difícil de entender que alguien se sintiera ofendido por la decisión de hacer chistes sobre el holocausto (que en realidad son chistes sobre los nazis, no sobre el genocidio) más de 50 años después de que Mel Brooks y Charlie Chaplin huyeran hacia adelante con sus radicales apuestas en 'Los productores' y 'El gran dictador' (una película, recordemos, rodada en plena Segunda Guerra Mundial cuando el futuro de Alemania y Hitler era todavía incierto y peligroso).
Como acostumbra a pasar en el cine de Waititi, la sobredosis de gags no siempre funciona, pero cuando 'Jojo Rabbit' acierta, da de lleno en la diana: la secuencia con Stephen Merchant, Sam Rockwell o Alfie Allen repitiendo una y otra vez el saludo de "Heil Hitler" con cada persona que se encuentran es delirante, al igual que las interacciones del propio Waititi interpretando a una versión ridícula e irónica del dictador alemán. El reparto de secundarios es estelar (la mezcla de jovialidad y esperanza de Scarlett Johansson como la madre el niño protagonista merece ser destacada) pero las verdaderas estrellas de la película son el divertidísimo protagonista (interpretado por el debutante Roman Griffin Davis) y la adolescente judía que ya no tiene miedo a perder nada a la que da vida Thomasin McKenzie, estupenda de nuevo tras su reveladora interpretación en la poco vista 'No dejes rastro'. El timing cómico y la química de la pareja hacen olvidar que, en el primer acto de la película, las escenas de los niños de 'Jojo Rabbit' parecen estar dirigidas directamente por el Wes Anderson de 'Moonrise Kingdom'.
Es una incertidumbre ver cómo reaccionarán el gran público y los Oscar a una notable propuesta que parece más radical de lo que en realidad es. Si muerden la zanahoria que planta Waititi a la audiencia, 'Jojo Rabbit' aspira a convertirse en una versión moderna de 'La vida es bella'. Si no, al menos será un intento reivindicable de una compañía, Fox Searchlight, que merece seguir operando con libertad en los tiempos de la todopoderosa Disney. ¿Quién si no va a financiar hoy en día películas como 'Doce años de esclavitud', 'Birdman', 'La favorita' o 'Bestias del sur salvaje'?