¿De qué va? Frustrado por el rumbo que está tomando la iglesia, el cardenal Bergoglio (Jonathan Pryce) solicita en 2012 el permiso del Papa Benedicto (Anthony Hopkins) para retirarse. Sin embargo, ante tal escándalo el Papa Benedicto convoca a su crítico más feroz y futuro sucesor en Roma para revelar un secreto que sacudiría los cimientos de la iglesia católica. Tras los muros del Vaticano, comienza una lucha entre la tradición y el progreso, la culpa y el perdón entre dos hombres muy diferentes que confrontan su pasado para encontrar un terreno común en el que forjar un futuro para los millones de fieles católicos de todo el mundo.
¿Y qué tal? Durante la presentación de su primer trabajo en ocho años, el brasileño Fernando Meirelles respondía a una pregunta del clásico coloquio que se celebra en Toronto después de cada premiere: "¿Cómo ha convencido a la Iglesia Católica para que les dejen rodar 'Los dos papas' en la Capilla Sixtina?" El director de 'Ciudad de Dios', jocoso, explicaba entre risas que no había hecho falta: "Netflix tiene tanto dinero que decidieron construir su propia réplica". La pregunta del espectador, aparentemente inerte, dice más de la película de lo que quizás les gustaría reconocer a sus responsables. 'Los dos papas' es tan inofensiva y benevolente con sus protagonistas que no resulta tan descabellado creer que una de las organizaciones más controladoras del planeta hubiera podido acceder a los deseos del cineasta latinoamericano.
Partidario confeso de la filosofía religiosa y vital del Papa Francisco, Meirelles construye un relato que, por momentos, se acerca a la hagiografía del obispo argentino. El guion de Anthony McCarten decide centrar su foco en la particular relación de tensión, respeto y, finalmente, entendimiento entre los dos últimos líderes de la Iglesia Católica: el controvertido y conservador Razinger y el reformista Bergoglio. El espectador se convierte así en testigo de excepción de una inesperada variante de "bromance" entre dos rivales condenados a entenderse por el bien del futuro de los cientos de millones de seguidores del catolicismo. La sucesión de conversaciones se desarrollan a medio camino del discurso intelectual y la comedia más absurda. En un momento de la película Razinger escucha cómo el obispo argentino está tarareando una canción y le pregunta qué es eso que está cantando. Su respuesta, en latín, es "Dancing Queen" de ABBA.
La interesante reivindicación del diálogo entre posturas aparentemente opuestas y el acercamiento tan terrenal a los representantes de Dios entre el resto de mortales presenta momentos de una honestidad refrescante (una conversación de cómo el principal problema de la sociedad es que nos hemos dejado de escuchar los unos a los otros) pero al mismo tiempo se deja pasar la oportunidad de poner en juicio algunas de las decisiones más polémicas tomadas en el Vaticano. Cuando 'Los dos papas' se acerca a temas como la homosexualidad o los abusos sexualess, lo hace como si quisiera cambiar de tema cuanto antes por temor de incomodar... aunque resulte difícil de saber a quién.
Esa (relativa) cobardía no es el único paso en falso del libreto de McCarten, un especialista en biopics que está detrás de los Oscar de Eddie Redmayne, Gary Oldman y Rami Malek. En el segundo acto de 'Los dos papas' su guion marcha a la deriva con una larga subtrama que, en forma de flashbacks que viajan más de treinta años al pasado para hablar del papel de Bergoglio en la dictadura argentina, acaba lastrando la gran virtud de la película: el recital interpretativo que protagonizan Anthony Hopkins y Jonathan Pryce. La gran reacción del público canadiense a la cinta de Meirelles se debe, en gran parte, a que los veteranos actores ingleses se lo pasan en grande y tienen una química explosiva. Alejarse de ellos es un craso error.
Su asombroso parecido físico con el Papa Francisco hacían del Gorrión Supremo de 'Juego de Tronos' la elección lógica para interpretar al líder religioso y Pryce aprovecha la oportunidad (tal y como hacía con su estupenda interpretación en la reciente 'La buena esposa'), luciéndose con un personaje que le permite incluso hablar en un perfecto español durante varios momentos de la historia. Cada vez que aparece en pantalla es imposible no sonreír con sus ocurrencias. Tanto, que por un momento estamos a punto de perdonar la infatuación del director con el personaje protagonista, pero solo por un momento: a pesar de sus virtudes (que no son pocas), 'Los dos papas' es una oportunidad perdida para ir más allá.