- Crítica de 'The Zone of Interest', de Jonathan Glazer
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El director de 'Under the Skin', tal vez la película de ciencia ficción más extraña que se haya rodado en mucho tiempo, se ha tomado diez años para realizar su nuevo largometraje, 'La zona de interés'. Adaptación de la novela del mismo título de Martin Amis es, probablemente, la representación más extraña, original y escalofriante que se ha hecho del Holocausto. Hablamos con él sobre esta obra hipnótica.
Jonathan Glazer (Londres, 1965) apuesta por el camino más difícil: mostrar el horror de Auschwitz sin dejar que el espectador vea nada de lo que allí ocurre. Pero lo escucha. Y la experiencia resulta más escalofriante que cuando la narrativa clásica nos ha puesto los cadáveres judíos delante de los ojos. El cineasta inglés coloca al protagonista, un oficial nazi, y a su familia viviendo felizmente en una casa junto al campo de exterminio, y ni un solo segundo dejamos de escuchar lo que ocurre tras el muro: los disparos, las calderas de los hornos, el silbido de las cámaras de gas.
"Hemos visto el archivo de atrocidades en el colegio, en el cine, en documentales, así que la mayoría de la gente conoce el poder que tiene la imaginería de este horror. Por eso confiaba en que el espectador iba a asociar el sonido con las imágenes sin necesidad de verlas, en que el horror estaría fuera de la vista pero no de la mente". De hecho, 'La zona de interés' comienza con un largo negro en la pantalla envuelto en ruidos. "Hay dos películas, la que ves y la que oyes. Buscaba una especie de alarma de reloj o de goteo de grifo permanente, lo que resulta bastante cacofónico y caótico emocionalmente. Soy consciente de la frustración que puede provocar el arranque de la película, pero quería resaltar que el sonido va primero". Haber trabajado con músicos como Radiohead, Massive Attack o Nick Cave tal vez haya dejado esta impronta en su manera de narrar.
Mimetizarse con verdugos
Esta conversación tuvo lugar durante el Festival de Cine de San Sebastián, con Glazer vestido con vaqueros y camisa negra, anillos plateados y una estrella de David colgada en el cuello. "Todos vemos la situación en la que está el mundo y no quería hacer un pieza de museo que nos hiciera sentir que es algo que sucedió entonces y de lo que ahora estamos a salvo. Todo se aplica al momento actual y espero que los espectadores se vean a sí mismos en la pantalla y vean lo similares que somos a los perpetradores. Sé que asusta reconocerse ahí, y a la gente le llevará un tiempo, tratará de mantener una distancia antes de hacerlo, pero tenemos que reconocernos en esos autores. Tenemos que hacerlo", insistía.
El director de 'Under the Skin' (2013) considera que se trata de la película más compleja que ha hecho hasta ahora y se debe, en gran medida, a que decidió rodar en el escenario real, junto a Auschwitz (Polonia). Allí construyeron la casa y el jardín que serviría de plató para la trama. Cada escena está rodada con varias cámaras, creando un desconcertante exceso de planos. Pero el gran reto no fue técnico sino emocional. "Estábamos allí mismo, esa era la arena que tocábamos, el aire que respirábamos, rodábamos junto a los historiadores que trabajan en el campo. Fue una experiencia muy intensa. Creo que tomé la decisión correcta, pero fue duro".
Incluso una de las historias que aparecen en la película, sobre una niña que por las noches deja comida a los prisioneros, es real. "Conocí a esa mujer que hoy tiene 90 años. Con 12 formaba parte de la Resistencia, como muchos niños porque resultaban menos sospechosos. La casa, la bicicleta, incluso el vestido que lleva la actriz son suyos de verdad". El director filma estas imágenes con una cámara termodinámica, creando una subtrama que provoca enorme extrañeza. "Se supone que estamos en 1940, a oscuras, en medio del campo. No quería utilizar luces al estilo de Hollywood en este contexto, así que esa era la única manera de rodar".
La novela de Martin Amis, publicada en 2015, queda como una referencia lejana en el guion adaptado por Glazer. "El libro me enseñó el coraje para retratar a los verdugos como gente absolutamente normal, son terriblemente comunes, aburridos, son nuestros vecinos, somos nosotros movidos por ese impulso corriente de aspirar a una vida acomodada, aburguesarse, y eso me fascinó". Se da la casualidad de que Amis falleció el mismo día en que se presentó la película en el Festival de Cannes, pero Glazer se la había enseñado antes.
Representación del Holocausto en el cine
La pareja protagonista está interpretada por Christian Friedel ('La cinta blanca') y Sandra Hüller ('Anatomía de una caída') en la piel de esa madre que cuida de su casa y organiza meriendas a pocos metros de las cámaras de gas. "He mantenido muchas conversaciones con Piotr Cywinski, director del Museo de Auschwitz. Es un hombre brillante con un discurso fabuloso sobre el peligro de la pasividad humana y de cómo esta es una elección. La filósofa inglesa Jacqueline Rose habla en su libro Women in Dark Times del proceso de reconciliación en Sudáfrica y menciona una carta donde una mujer pide perdón. Al ser preguntada por su delito responde: 'No haber hecho nada'".
Al autor de 'Sexy Beast' (2000) y 'Reencarnación' (2004) le ha llevado años, lecturas y reflexiones adquirir la confianza para aproximarse a la 'Shoah' con una voz propia. "Soy tremendamente sensible a la ética de la representación del Holocausto. Hay películas excelentes, de directores fantásticos, que lo han hecho de una determinada manera, con la mejor intención. Provocan piedad hacia las víctimas, te hacen identificarte con ellas. Pero te colocan en un lugar seguro, alejado de la posibilidad de convertirte en uno de los verdugos. Y esa es una de las razones por las que hice esta película, quería eliminar esa distancia y enseñar que esos somos nosotros".
Laura es crítica de cine y periodista cultural. La primera vez que fue al cine vio ‘E.T. el extraterrestre’, y eso no se olvida nunca. Ha escrito sobre teatro, música, arte, fotografía, arquitectura y gastronomía en ‘Elle’ y ‘Harper’s Bazaar’. En ‘Fotogramas’ se especializa en lo que podríamos llamar ‘cine de autor’, aunque toca todos los palos.
Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y se especializó en el conflicto en Irlanda del Norte en la Queen University of Belfast. Lo que le llevó a verse ‘Agenda Oculta’ (Ken Loach, 1990), ‘En el nombre del padre’ (Jim Sheridan, 1997), ‘Bloody Sunday’ (Paul Greengrass, 2002) y todas las películas que tuvieran que ver con el IRA.
Viajó a Cuba para estudiar en la EICTV (Escuela Internacional de Cine y Televisión) de San Antonio de los Baños, donde vio mucho cine latinoamericano y bebió demasiados mojitos. También rodó un documental en la isla lleno de personajes maravillosos. Uno de sus primeros trabajos fue en el canal de televisión ‘Cineclassics’, donde coescribió el documental ‘El cine durante la Guerra Civil Española’.
Adora ‘El imperio del sol’ (Steven Spielberg, 1987), ‘Drácula de Bram Stoker’ (Francis Ford Coppola, 1992), ‘Thelma & Louise’ (Ridley Scott, 1992) y ‘La edad de la inocencia’ (Martin Scorsese, 1993). Pero, en general, siente predilección por las películas pequeñas que cuentan historias en las que nadie se fijaría si se las cruzara por la calle. Le gusta ese cine que vive más allá de los márgenes del entretenimiento.
Ha coescrito el libro ‘Cine y Moda’ (Ed. Pigmalion Edypro) y a lo largo de su carrera ha entrevistado a intérpretes y cineastas como Helen Mirren, Al Pacino, Jessica Chastain, Isabelle Huppert, Juliette Binoche, Julianne Moore, Hirokazu Koreeda, Sam Mendes, Jonathan Glazer, Margot Robbie, Ryan Gosling, Jude Law o Hugh Jackman.