Hace unas semanas, los fanáticos de las artes marciales salieron a las calles a celebrar la noticia de que J.J. Abrams hubiese fichado a tres estrellas indonesias para la nueva entrega de 'Star Wars'. Iko Uwais, Yayan Ruhian y Cecep Arif Rahman no son simplemente tres especialistas en escenas de combate más, a la manera de Ray Park en 'La amenaza fantasma' (George Lucas, 1999), sino que cualquiera que los haya visto en acción puede dar fe de que son, probablemente, las tres personas más rápidas y furiosas caminando ahora mismo sobre la faz de la Tierra. Imaginar a cada uno de ellos luchando con un sable láser en la mano es algo muy parecido a la poesía romántica para ciertos entusiastas del cine de acción. Es más, su fichaje confirma que Abrams es un cinéfilo atento a los últimos acontecimientos relevantes en el panorama internacional, porque una cosa está clara: si quieres que tu película destaque en el apartado de la acción desenfrenada, tienes que contratar a los tíos de 'The Raid'. Es imprescindible.
El culpable de todo este fenómeno (que no se ha podido ver en salas españolas, aunque sí ha sido editado en formato doméstico) es el director galés Gareth Evans, cuya vida dio un giro de 180 grados cuando fue contratado para rodar un documental sobre el pencak silat, un arte marcial que forma parte del legado cultural indonesio. Así fue como conoció a Iko Uwais, un experto en las patadas voladoras y los codazos en el cielo de la boca (estamos casi seguros de que ese es su nombre técnico) que, en aquellos momentos, se ganaba la vida como repartidor para una compañía telefónica. Evans vio en él madera de ídolo de matinée, además de una seria posibilidad de rentabilizar su destreza en el pencak silat, así que decidió convertirlo en una superestrella local. Su primera película juntos fue 'Merantau' (2009), una pequeña odisea de artes marciales que fue concebida por ambos como su pórtico a algo más grande. Cuando Evans se dio cuenta de que ese guión, titulado provisionalmente 'Berandal', iba a requerir al menos cuatro veces el presupuesto de 'Merantau', tuvo la idea que iba a cambiar su vida: rodar primero la película de culto definitiva, asegurarse de que fuera un éxito más allá de sus fronteras y después, si había suerte, poder afrontar el reto de 'Berandal' a modo de secuela. Este fue el origen de 'The Raid: Redemption' (2011), traducida en España como 'Redada mortal'.
El secreto de 'The Raid' es, hablando en plata, las toneladas de gloriosa e incontaminada insania que parecen guiar su desarrollo. Como si Neveldine & Taylor, los creadores de la saga 'Crank', decidiesen pasarse un fin de semana bebiendo alcohol adulterado en Yakarta, la película avanza como una apisonadora y no para ni un segundo hasta llegar a su clímax final. Gareth Evans decidió planificarla como una línea vertical con muy pocos desvíos o sofisticaciones narrativas: su prólogo nos dice todo lo que debemos saber sobre Rama, su héroe policial, con una economía de recursos encomiable. Tras esta breve introducción, el Infierno se desata en un edificio/laboratorio de droga clandestino en el que habrá espacio para la traición, la reconciliación fraternal y, sobre todo, el dolor. El MPV en esta función es, sin duda, Yayan Ruhian, cuyo personaje (Perro Loco) tiene un monólogo sobre la importancia de matar a un hombre con tus propias manos, en lugar de utilizar métodos tan poco civilizados como una pistola. 'The Raid' fue un éxito sin precedentes en su Indonesia natal y un fenómeno de culto en varios países. Algunos espectadores de Sitges 2012 aún recuerdan los gritos de "¡auch!" (seguidos de aplausos desatados) que se escucharon en la platea.
Así que Gareth Evans acababa de rodar la película de acción y artes marciales más compleja (a nivel de planificación) y, al mismo tiempo, más sencilla de la historia. Simplemente dejó que la trama avanzara a base de mamporros y que los ojos de Iko Uwais contasen el resto. ¿Cómo seguir a partir de aquí? Su solución fue hacer todo lo contrario: volver sobre la idea de 'Berendal', que siempre había concebido como una suerte de 'Infiltrados' (Martin Scorsese, 2006) con coreografías, y montar su propia versión de un drama shakespeariano clásico. 'The Raid 2' es, así, 'El padrino II' (Francis Ford Coppola, 1974) de las supertollinas, un ambicioso drama sobre conflictos paternofiliales resueltos con sangre y plomo. Hay un total de veinte secuencias de acción, cada una de ellas concebida en torno a una idea inusual que la coloca en una zona de privilegio con respeto al resto del género, pero Evans se asegura esta vez de que haya un conflicto real que una toda la carnicería, las tibias fracturadas y las tripas acuchilladas.
Si la primera entrega se caracterizó por no tener ningún papel femenino de envergadura, 'The Raid 2' soluciona eso con Chica Martillos (Julie Estelle), uno de los personajes de culto más importantes de los últimos años (y un must en toda fiesta de disfraces cinéfila con un poco de respeto por sí misma). Sin embargo, esta sigue siendo una historia de patriarcas mafiosos enfrentándose a su legado, un asunto espinoso que, según asegura Evans, aún no está del todo resuelto. 'The Raid 3' comenzará dos horas antes del final de la segunda parte y promete darle al via crucis ultraviolento de Rama un cierre casi mitológico, pero aún habrá que esperar para ella. Su director ha declarado que necesita un par de proyectos alejado de las artes marciales para desintoxicarse, y resulta perfectamente comprensible: después de haber planificado coreografías tan complejas como esa secuencia de combate/persecución de coches (uno de los packs 2x1 más vibrantes del cine reciente), cualquiera se merece unas vacaciones. Mientras tanto, es posible que Hollywood ponga en marcha ese remake de la primera entrega que lleva tanto tiempo acariciando. Las últimas noticias son que Taylor Kitsch está más que dispuesto a enfundarse el traje de Iko Uwais, mientras que Frank Grillo (fan declarado de la original) se encuentra en estos momentos peleando por el papel. Suponemos que con un puñal en cada mano. Dentro de una habitación mal ventilada. Contra cincuenta personas al mismo tiempo.