Este año puede que no lleguen a estrenarse las nuevas películas de Rodrigo Sorogoyen ('El ser querido'), Alejandro Amenábar ('El cautivo') o Juan Antonio Bayona ('A sangre y fuego'), anunciadas en un principio para 2025, pero eso no quiere decir que en 2024 no vayamos a tener varias candidatas a entrar en el listado de las mejores películas españolas del siglo XXI y un buen puñado de taquillazos patrios. Entre ellas, una historia basada en hechos reales, dirigida por Marcel Barrena, y que gira en torno a un conductor de autobús que en 1978 secuestró una línea de Barcelona para demostrar que el transporte público podía llegar hasta su –según las autoridades– inaccesible barrio.

En la película, Eduard Fernández brilla como un protagónico Manolo Vital, que al volante de su autobús derribó barreras físicas y mentales en su lucha por la dignidad de un barrio obrero. Marcel Barrena (Barcelona, 1981), director de cintas como '100 metros' (2016) o 'Mediterráneo' (2021), se lanza ahora, con un guion escrito a cuatro manos con Alberto Marini, a contar una historia real que encontró por casualidad en un blog sobre transporte metropolitano. Completan el reparto secundarios de lujo como David Verdaguer, Carlos Cuevas, Salva Reina y la debutante Zoe Bonafonte como la hija de Manolo Vital, además de toda una figuración formada por auténticos vecinos del barrio.

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A donde no llegaban los autobuses

Durante todo el siglo XX y, en especial, unos años 60 marcados por el éxodo rural, las afueras de Barcelona adoptaron el asentamiento de población inmigrante que llegó a la ciudad de todas partes de España buscando una vida mejor. En concreto, la periférica zona de Torre Baró se convirtió en una comunidad donde miles de recién llegados, procedentes de Extremadura –como el propio Vital– o Andalucía construyeron sus casas con sus propias manos. Teniendo en cuenta la ley que estipulaba que no se podía derruir una construcción que tuviera ya el techo puesto, los nuevos vecinos levantaron sus chamizos lo más rápido que pudieron, para poder techarlos antes de que llegasen las autoridades para derribarlos.

Poco a poco, aquellos chamizos se fueron convirtiendo en casas sólidas, creando un barrio de arquitectura popular más extremeña o andaluza que catalana, con calles sin farolas ni asfalto y sin agua hasta 1973. A base de lucha vecinal, el progreso fue llegando con cuentagotas. Pero lo que no llegaba, ni siquiera con el fin de la dictadura, era el transporte. En concreto, los autobuses. Según las autoridades, porque los vehículos de la época no podían pasar debido a los desniveles. Un razonamiento que Manolo Vital logró desmentir cuando secuestró el propio autobús que conducía, de la línea 47, y lo llevó hasta aquel barrio tachado de "inaccesible". La gesta del personaje interpretado en la película por un inmenso Eduard Fernández no sólo supuso una victoria contra el aburguesamiento de las autoridades, sino también un logro colectivo que cambió para siempre el barrio, y que provocó que el transporte público fuera llegando a todo el extrarradio barcelonés.

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Un hombre y un sueño

En 1978, el barrio de Torre Baró, situado sobre la Sierra de Collserola, era lo más parecido al lugar donde Cristo perdió la chancla. Concretamente, para las autoridades, que no veían rentable una humanización digna del vecindario. Y es que, aunque pertenece a Barcelona, la zona de Torre Baró está a 12 kilómetros de la plaza de Catalunya, una distancia que lo define como el barrio más remoto de la ciudad. Por aquellos años, elementos tan básicos –o que deberían serlo– como unas calles con asfalto, un techo bajo el que poder vivir, un cine, una plaza, un colegio o un autobús no formaban parte de la realidad de sus vecinos. Hasta que llegó Manuel Vital.

Manolo Vital Velo era uno más de todos aquellos españoles venidos a Torre Baró en busca de un futuro. El extremeño (1924-2010), natural de Valencia de Alcántara, se estableció en la zona en el año 1947, huyendo de la represión franquista después de que su padre fuera asesinado y enterrado en una fosa común. Así fue cómo se convirtió en uno de los miles de los llamados "charnegos", catalanes de adopción a los que durante mucho tiempo se les consideró como ciudadanos de segunda clase. Desde su llegada, Vital hizo de su compromiso social una lucha incansable por mejorar las condiciones de vida en el barrio. Fue después de participar en movilizaciones para lograr arreglos en las calles o una canalización que llevara el agua a las casas cuando Manolo Vital ejecutó un hecho histórico.

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En 1978, el conductor de autobús en Barcelona estaba cansado de reclamar al Ayuntamiento una línea que llegara hasta Torre Baró. Fue entonces cuando secuestró el vehículo de la línea 47 que conducía y lo llevó –no sin dificultades– hasta la zona donde las autoridades había advertido que era imposible llegar por el mal estado de las calles y sus características estrechas, curvadas y empinadas. Así lo relata la página web de Autobuses de Barcelona: “El 7 de mayo de 1978, Manuel Vital, un conductor de Transportes de Barcelona y líder sindicalista, en su doble condición de vecino de una zona olvidada, secuestró un autobús articulado de la línea 47 para demostrar que el transporte público que reclamaba Torre Baró podía llegar a través del único acceso que tenía el barrio."

A problemas, soluciones

Durante el itinerario de Vital, cuando ya se había desviado de su ruta habitual, se fueron sumando vecinos en marcha para apoyar y reivindicar el secuestro. Pero después de que el autobús circulara por las estrechas y empinadas calles de Torre Baró, acompañado de un río de personas, fue pillado por la policía mientras volvía a la ciudad. Como resultado, Manolo Vital fue juzgado al día siguiente, acusado de secuestro, un cargo del que finalmente salió triunfante. Gracias a aquel día, la línea 47 se prolongó hasta Canyelles seis meses después, a la que siguieron más itinerarios que hoy conectan el barrio con otras partes de la capital catalana.

Así fue cómo Vital desafío al Ayuntamiento de Barcelona y logró que el transporte público llegara al barrio. Eduard Fernández define al extremeño como "esa gente que ha construido Cataluña y se merece un homenaje; un héroe involuntario, un hombre de pocas palabras que no duda en echar para delante, con las manos curtidas del trabajo duro y sin tiempo para tonterías… Gente que luchaba por cosas tan esenciales como el agua, la luz, la escuela, el transporte público… ¡Porque no las tenían! Manolo hizo colas, rellenó formularios, habló con políticos, hizo pintadas… y cuando vio que ni Dios le hacía caso secuestró el 47", dice Eduard Fernández, el héroe de 'El 47', en una entrevista exclusiva con FOTOGRAMAS.

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A partir de esta historia real, 'El 47' narra una hazaña construida por la acción colectiva y la lucha por no dejarse caer. Según escribe Blai Morell en nuestra crítica de 'El 47', "una espléndida película que habla de la lucha vecinal como motor de cambio para la búsqueda del bien común, de la convivencia en todos los sentidos, también lingüística, imperante desde siempre a pesar de lo que les quieran vender los voceros de la confusión y los atizadores del odio. Y que, sobre todo, habla de dignidad, personificada en el personaje de Vital". Los exteriores de la película se rodaron en la propia Torre Baró, donde parte de las demandas vecinales que refleja la película persisten casi cinco décadas después. Sobre todo en la zona alta, donde, según apunta el activista vecinal José Martínez, en declaraciones recogidas por El Salto, "no hay farmacia, ni supermercado, ni horno de pan".

'El 47' está disponible en cines seleccionados.

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Headshot of María Juesas

Atrapada entre la música y el cine, desde Vigo llegó a Madrid para estudiar Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III. Cuenta la leyenda que prefería saltarse clases para ir a algún estreno aunque, si se lo preguntas, lo negará. 

Llegó a la redacción de Fotogramas como becaria en prácticas, después de adentrarse en el periodismo musical y de cine colaborando en medios como la revista Milana. Ha entrevistado a personalidades como Jonás Trueba o Irene Escolar y su bien más preciado es una púa de guitarra. Vive enamorada de Phoebe Waller-Bridge y Nora Ephron. Si no la encuentras, es que estará viendo alguna película de Kurosawa. Da igual cuándo leas esto.