A comienzos de la presente década, el director británico Jonathan Glazer dirigió un film que muestra cómo el horror más silencioso puede anidar en la más absoluta normalidad. La trama sigue a un grupo de personas que vive su rutina diaria, rodeado de un paisaje doméstico aparentemente común, mientras en el trasfondo se desarrolla uno de los episodios más oscuros de la historia de la humanidad. El cine contemporáneo ha explorado en numerosas ocasiones los límites de la crueldad humana, pero pocas veces con la precisión quirúrgica de un director capaz de transformar la banalidad en un ejercicio de reflexión moral profunda.

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La vida de Rudolf Höss, comandante del campo de exterminio de Auschwitz, y su familia, quienes vivieron literalmente a la sombra del horror, es narrada con frialdad en ‘La zona de interés’ (2023). La película, basada libremente en la novela homónima de Martin Amis, retrata con una insensibilidad escalofriante cómo una familia nazi desarrolla su vida cotidiana mientras a escasos metros se ejecuta el genocidio más sistemático de la historia reciente. La cinta ha sido aclamada internacionalmente, obteniendo cinco nominaciones en los premios Oscar, donde se alzó con las estatuillas en las categorías de Mejor película internacional y Mejor sonido, además de ganar el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes. El filme se encuentra actualmente disponible en el catálogo de Movistar Plus+.

El trabajo técnico de Glazer detrás de las cámaras es extraordinario. La dirección de fotografía del polaco Lukasz Zal deshumaniza todos los acontecimientos a través de la más absoluta normalidad, con un sonido ambiente que resulta más terrorífico que cualquier efecto sonoro. Además, Glazer logra que los actores Sandra Hüller y Christian Friedel construyan unos personajes que son aterradores precisamente por su absoluta cotidianidad.

La puesta en escena desafía cualquier convención narrativa sobre el holocausto, presentando a unos personajes que no son monstruos extraordinarios, sino personas que normalizaron lo aberrante. El realizador británico utilizó hasta cinco cámaras fijas en una de las escenas transcurren en el jardín de la casa, sin precisar de ningún técnico camarógrafo, con la intención de capturar un gran volumen de material fílmico, generando una atmósfera documental única. Durante el rodaje de esta escena, los intérpretes no sabían si estaban siendo filmados en un primer plano o en un plano general, lo que les permitió estar totalmente inmersos en la escena y trabajar en un entorno que rozaba lo experimental. Esta técnica provocó actuaciones crudas y auténticas, donde la indiferencia de los protagonistas resulta más escalofriante que cualquier representación directa de la violencia.

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El filme se convierte así en un ejercicio de introspección sobre la capacidad humana de segregar la maldad, de construir una realidad paralela donde el horror se convierte en algo tan rutinario como preparar un café o arreglar el jardín. Glazer logra que el espectador no solo observe, sino que se cuestione cómo fue posible que personas aparentemente normales participaran en uno de los mayores crímenes de la historia. La película trasciende el género histórico para convertirse en un análisis filosófico sobre la condición humana y sus zonas más oscuras.

La crítica de Fotogramas sobre ‘La zona de interés’ afirmó que “puede verse como la magistral respuesta de Glazer a las aberrantes propuestas de Steven Spielberg en ‘La lista de Shindler’ y László Nemes en ‘El hijo de Saúl’, películas que sumergían al espectador en el pozo inmoral del Holocausto a través de la subjetividad y el suspense. Con sus cámaras desprovistas de sensibilidad, el británico deja ver que, en el Holocausto, no había lugar para la esperanza, la compasión. La humanidad que merecen las víctimas de la barbarie no puede pasar por el sentimentalismo, sino por el “trabajo” memorístico, sea el de las mujeres que conservan limpios los viejos campos de concentración (que también aparecen en la película) o el de un cineasta que piensa como un artista y no como un mercader de emociones”.

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