En 1980, el guionista y director Paul Schrader –autor de las líneas de 'Taxi Driver' o 'Toro Salvaje' para Scorsese– consiguió su primer éxito de taquilla con 'American Gigolo', una de las 12 mejores películas de Richard Gere que convirtió al joven actor en la estrella más deseada de Hollywood. Una reputación que más tarde consolidarían trabajos como 'Oficial y caballero' (Taylor Hackford, 1982), 'Pretty Woman' (Garry Marshall, 1990) o 'Chicago' (Rob Marshall, 2002), una de las 15 películas musicales tan buenas como 'Wicked'. El actor, que también cuenta entre su filmografía joyas tan clásicas como 'Días del cielo' (Terrence Malick, 1978) o tan recientes como 'Hachiko' (Lasse Hallström, 2009), es una cara más que reconocible para el público y una persona que no ha dudado en apoyar causas sociales y políticas, tanto dentro como fuera de sus películas.

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Aunque Richard Gere (Filadelfia, 1949) y Paul Schrader han mantenido su amistad desde 'American Gigolo', han tenido que pasar cuarenta y cuatro años para que volvieran a colaborar profesionalmente. En 'Oh Canada', retoman sus papeles de actor y director para contar la historia de Leonard Fife, un director de documentales que huyó a Canadá durante la guerra de Vietnam para no ser reclutado. Al borde de la muerte, decide destapar todos los secretos de su vida en una última entrevista presenciada por su mujer. La película, basada en la novela 'Los abandonos' de Russell Banks, explora los recuerdos de un hombre inestable y cobarde que reflexiona sobre errores del pasado y sus deseos de redención.

¿Se puede vivir una vida llena de mentiras? Y si es así, ¿a qué precio? Esta es una de las preguntas que plantea la cinta estrenada en el Festival de Cannes y que "acaba proponiendo un osado cara a cara con la muerte, una mirada al abismo tan desprovista de épica como colmada de una humanidad vibrante", según nuestra crítica de 'Oh Canada'. Las alteraciones de los recuerdos del protagonista giran alrededor de la guerra de Vietnam, uno de los episodios clave en la historia de Estados Unidos y que hoy resuena con especial fuerza. Más aún para Gere, que entonces se opuso moralmente al reclutamiento –sin éxito– y que consiguió no ser enviado a Vietnam matriculándose en la universidad poco antes de comenzar su carrera como actor. Pero la conexión de Gere con su personaje no termina ahí. El actor sufrió la muerte de su padre justo antes de que Paul Schrader le llamase para hacer este proyecto.

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"Mi padre tenía casi 101 años y la forma en que su mente entraba y salía de diferentes realidades y niveles de conciencia fue algo que reconocí instantáneamente en el guion", recordó durante la rueda de prensa en Cannes. Un sentimiento que también reconoció Paul Schrader, íntimo amigo del recientemente fallecido novelista en el que se basa la película. En 'Oh Canada', el director juega con el espectador al presentar un narrador poco o nada fiable, encarnado en el presente por Richard Gere y por Jacob Elordi en su versión (más) joven. Además del reencuentro con Schrader, el protagonista vuelve a compartir plano con Uma Thurman –que interpreta a su mujer– tras 'Análisis Final' (Phil Joanou, 1992). Hablamos con Richard Gere sobre reencuentros, mentiras, recuerdos y algún que otro accidente.

Han pasado 44 años desde 'American Gigolo' (1980) y es interesante porque Paul Schrader ha dicho en otra entrevista que tu personaje, Leonard, podría ser de alguna manera la imagen del "gigoló moribundo". ¿Cómo ha sido esta reunión?

Sorprendentemente, ambos mantuvimos la misma dinámica entre actor y director. Por alguna razón, creo que es importante para Paul pensar que existe alguna conexión entre ambas películas [ríe], pero para mí no la hay. Es un universo de experiencias totalmente diferente. A lo mejor en un universo paralelo, por Paul y por mí y por el hecho de que envejecemos, y por este otro personaje que recuerda su vida, ya sea que la recuerde con veracidad o falsedad, tal vez exista algún tipo de metauniverso donde todo tenga sentido. A Paul le persiguen unos objetivos muy específicos a la hora de hacer sus películas. Él escribe un guion de 87 páginas, sabe cuántos días hay que rodar, sabe cuál es el presupuesto y luego me viene a mí o a quien sea para proponernos estos personajes. Confía en nosotros para que lo hagamos. Hablamos mucho antes, pero mientras estamos rodando casi no hay nada de qué hablar. Trabajamos muy rápido y espontáneamente porque confía en los actores. Recuerdo que le dije, después de hacer una escena: "¿Quieres probar otra cosa diferente?". Y me dijo: "No, eso me gustó". Así que seguimos adelante.

Si no me equivoco, conseguisteis rodar todas las escenas de la entrevista en dos días.

Sí [ríe]. Recuerdo que Paul me dijo, cuando estaba organizando la agenda para el rodaje: "¿Cómo quieres hacer esto? ¿Rodamos cinco páginas de una sola vez?" Y yo le decía: "Paul, no sé. ¿Por qué no lo hacemos todo?" Así que terminamos haciendo eso. Básicamente, estaba haciendo las 87 páginas de corrido. A veces me sorprendía a mí mismo, al recordar todas mis líneas. Pero eso es parte del cine independiente, tienes que ser rápido. En los viejos tiempos, Paul y yo habríamos rodado esto durante unos 48 o 50 días. Ahora lo hemos hecho en 17 días.

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Habéis mejorado con los años.

Es difícil, hay presión sobre todos. Pero me gusta moverme. Y es más fácil si has hecho una buena preproducción, tu diseño de producción está inteligentemente pensado, tienes un director de fotografía que puede moverse rápidamente y con mucho arte. En los viejos tiempos era más difícil, porque necesitábamos mucha luz para rodar y los rollos de película se movían muy lentamente. Ahora con las cámaras digitales y con poca luz puedes moverte muy rápido pero tienes que ser muy hábil. Entonces, si todos saben lo que están haciendo y se mueven en la dirección correcta, puedes hacer una película estupenda en 17 días.

Parte del equipo también incluye a Jacob Elordi, que interpreta a tu yo más joven en esta película. ¿Intentó copiar alguno de tus gestos o pedirte algún consejo?

A Paul y a mí nos hacía mucha gracia porque realmente no sabíamos quién era. Le veíamos como uno de los actores jóvenes del momento. Yo había visto algún trabajo suyo, Paul también, y pensábamos que era muy buen actor. Lo es, es muy bueno. Nos conocimos y tuvimos una lectura de guion. Él estaba allí y yo sabía que me estaba mirando porque tenía que interpretarme. Y ahora sé que entonces estaba viendo mis primeras películas, de cuando yo tenía más o menos su edad. Es australiano, así que hablamos un poco sobre el tipo de inglés o de acento que debería usar. Pero Paul [Schrader] y yo no sabíamos que él era algo tan especial para las chicas jóvenes. Un día estábamos rodando y, de repente, quinientas chicas aparecieron en el set. Ahí me di cuenta: "Ah, con que ese es él" [ríe].

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Tu personaje, Leo, repite que no puede decir la verdad a menos que la cámara esté grabando. Hacer entrevistas es otra parte de tu trabajo, porque eres actor, pero también tienes que pasar por todas estas giras de prensa. ¿Es este el precio que tienes que pagar o hay algún momento donde lo disfrutas?

    Me obligo a disfrutarlo. Si no lo disfrutara, probablemente no lo haría. Y si no me gustara la película, tampoco lo haría, pero esta película me gusta mucho. Creo que esto es importante en todo lo que hacemos en la vida. Si no encuentras la manera de disfrutar algo, no lo hagas, porque lo envenena todo.

    Según Schrader, al principio querías llevar el aspecto decadente de Leo mucho más allá de lo que él podía permitir. Concretamente, dijo que querías hacer un Christian Bale, en términos de pérdida de peso. ¿Es eso cierto?

    Sí. Yo le decía a Paul: "La mejor manera de hacer esto es rodar las escenas del flashback, cuando mi personaje tiene unos 40 años, y luego parar la producción por un par de meses para que yo pueda perder mucho peso y adelgazar, y luego rodar las escenas posteriores de la entrevista". Y él dijo: "Bueno, me encantaría hacer eso, pero no podemos permitírnoslo". Cuesta mucho dinero cerrar una producción y luego volver a empezar. Así que dije: "Está bien, veamos cómo hacerlo". Hubo mucho trabajo de maquillaje para llegar a la forma en que queríamos hacerlo.

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    La vida de Leonard está llena de mentiras, algunas más graves que otras. ¿Alguna vez has mentido en tu carrera profesional para conseguir un trabajo?

    Una vez hice una película de estudiantes, cuando tenía unos 22 años, y se suponía que el personaje tenía que conducir una moto. Me preguntaron "¿Sabes ir en moto?" y les dije: "¡Claro!". Así que íbamos a rodar y me dijeron: "Venga, coge mi motocicleta". Era una Triumph grande. "Llévala, acostúmbrate a ella". Así que la saqué, no sabía montar, estaba en medio de la ciudad de Nueva York. Y solté el embrague y crucé la calle y casi atropello a una mujer y finalmente la estrellé contra una escalera que subía solo para bajarme de la moto [ríe]. Así que sí, mentí.

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    Headshot of María Juesas

    Atrapada entre la música y el cine, desde Vigo llegó a Madrid para estudiar Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III. Cuenta la leyenda que prefería saltarse clases para ir a algún estreno aunque, si se lo preguntas, lo negará. 

    Llegó a la redacción de Fotogramas como becaria en prácticas, después de adentrarse en el periodismo musical y de cine colaborando en medios como la revista Milana. Ha entrevistado a personalidades como Jonás Trueba o Irene Escolar y su bien más preciado es una púa de guitarra. Vive enamorada de Phoebe Waller-Bridge y Nora Ephron. Si no la encuentras, es que estará viendo alguna película de Kurosawa. Da igual cuándo leas esto.