Hay un momento, dentro de su constante avance hacia un destino incierto (la clave de su casi de teatro del absurdo premisa), en que el fontanero Mario y sus compañeros de aventuras paran el ritmo vertiginoso de su camino y se preguntan por el sentido de su existencia y por aquello que les impele a seguir saltando obstáculos, huyendo de enemigos y capturando estrellas o monedas. Es en esa aislada escena, detenida en el tiempo y en los bytes animados, en el que ‘Super Mario Bros.: La película’ está a punto de encontrarse no solo con ‘Ready Player One’, la obra cumbre de este futuro-presente virtual, sino con ‘Super Mario Bros.’, la incomprendida conversión en imagen real del mítico y entrañable videojuego de Nintendo. Treinta años atrás, Rocky Morton y Annabel Jankel eran los autores ideales para que Mario y Luigi se corporeizaran en Bob Hoskins y John Leguizamo. Venían del futuro en nuestro presente que era el televisivo ‘Max Headroom’ pero su extraño (y Eugene Ionesco) descenso al alcantarillado del blockbuster 90s estaba condenado al fracaso. Treinta años después, ‘Super Mario Bros.: La película’ acude al dibujo animado tridimensional para dotar de vida (vidas) a sus personajes. Acude al contrastado estilo del estudio Illumination como si fueran los minions quienes estuviesen echando una partida del juego que da título al largometraje.

Concebida como un all star y un recorrido turístico/fetichista por los diversos ítems del videojuego, el film de Aaron Horvath y Michael Jelenic escrito por Matthew Fogel (no por casualidad en la última de Gru/los Minions) parece prestar más atención a todos sus guiños para los iniciados que en construir una historia fundacional o sencillamente autorreferencial (que de hecho lo es más que otra cosa). Es verdad que la gran mayoría de sus gags funcionan, que Donkey Kong roba cada escena en la cual aparece y que su look es de los que derriten hasta al más reacio a estos experimentos, pero ya puestos a realizar el enésimo remake de ‘El mago de Oz’ habría estado bien arriesgar como hizo la seminal ‘Tron’, que era, por supuesto, el camino de baldosas amarillas digitales y que supo fracasar porque en todo instante dotaba a sus personajes de la duda sobre quienes eran en realidad, si realmente tenían vida o eran impulsos electrónicos.

‘Super Mario Bros.: La película’ no es ‘Tron’, ni siquiera se les (nos) ocurriría pedirle que fuera ‘Blade Runner’ y ya está bien (para el gran público y la taquilla) que sea un vistoso y entretenidísimo mix entre ‘Rompe Ralph’, ‘La Lego Película’ (de nuevo Chris Pratt de héroe en la V.O.) y ‘Angry Birds’. Sin embargo ahí está, en ese minúsculo minuto (casi de Game Boy), la película que podría haber sido: la que al llegar al Game Over se hubiera encontrado con la maldita en imagen real de 1993. Ese habría sido una conclusión a la altura de la de ‘El planeta de los simios’, la canónica de Franklin J. Schaffner.

Para fontaneros intrépidos y nostálgicos de la inocencia del videojuego clásico

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Lo mejor: el encuentro entre Mario y Luigi, y un Browser digno del Dennis Hopper de… ‘Waterworld’.
Lo peor: su obsesión en ser un catálogo del videojuego sin sacarle más punta a ello.

FICHA TÉCNICA

Dirección: Aaron Horvath, Michael Jelenic País: Estados Unidos Año: 2023 Fecha de estreno: 5–4-2023 Género: Animación Guion: Matthew Fogel Duración: 92 min.

Sinopsis: Un fontanero llamado Mario viaja a través de un laberinto subterráneo con su hermano, Luigi, tratando de salvar a una princesa capturada.

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Universal Pictures
Headshot of Fausto Fernández

Consumió cine, televisión, tebeos, bolsilibros y 8 pistas de música disco por encima de sus posibilidades. Rogad por su alma aunque comentan que la vendió tiempo ha por una cena con Eva Green. No le hagáis demasiado caso.