Durante la primera temporada de 'Westworld' fueron muchos los que se empeñaron en comparar la serie con 'Juego de Tronos', pero más allá de ser dos superproducciones de HBO que tocaban el género fantástico, pocos puntos en común había entre una ficción y otra. Sin embargo, la segunda temporada de 'Westworld' ha aprendido de sus errores pasados y ha corregido su rumbo, ofreciéndonos hasta ahora seis capítulos en los que sí apunta maneras para convertirse en la digna heredera de 'Juego de Tronos'.
Si la primera temporada se perdió entre el primer episodio y el último, dejando sensación de relleno en algunos capítulos, e hipotecó toda su potencia a un puñado de giros finales que todos habíamos adivinado ya, esta vez han dosificado mucho mejor la información y las sorpresas. En cada episodio hay dos o tres elementos que nos van a dejar con la boca abierta o que van a ampliar nuestros conocimientos sobre el universo en el que nos introducen. Y, la verdad, están muy bien llevados.
No es novedad que los niveles de producción de 'Westworld' sean asombrosos, pero tampoco está demás resaltar que pocas series actuales ('El cuento de la criada', 'The Crown' y alguna más) se pueden medir con 'Juego de Tronos' en lo visual. Su mundo es cada vez más rico y complejo (el primer vistazo a los nuevos parques es un acierto) y cada vez tenemos una mirada más amplia del mapa en el que se mueven los personajes (¡qué bien le vendría a 'Westworld' una cabecera como la de 'Juego de Tronos' que nos situase en el terreno!).
Pero lo más importante es que la gran estructura narrativa de la serie, apoyada en varios grupos de personajes y tramas separadas por el espacio (y a veces por el tiempo), está funcionando muy bien como conjunto. No deja de ser llamativo que, por ejemplo, hayamos tenido un episodio sin Dolores ni Maeve y no se haya caído como un castillo de naipes. Y si bien es cierto que cada trama avanza lentamente por su cuenta (por ejemplo, la rebelión de Dolores o el viaje del Hombre de Negro) no hay momento para el aburrimiento y parece que el propósito de la temporada nunca se pierde de vista: se van sentando las bases para un choque de trenes digno de un episodio 9 de 'Juego de Tronos', aunque alguna trama como la de Maeve tenga que dar algún rodeo para que todos lleguen al clímax en el momento preciso (¿es Shogun World el Dorne de 'Westworld'?).
Sin perder de vista sus reflexiones morales en torno a la vileza humana y a los peligros de la tecnología, 'Westworld' continúa con paso firme y, mucho más que en su primer año, se preocupa por entretener al espectador. Y por romperle la cabeza también.
Nací en Wisteria Lane, fui compañero de piso de Hannah Horvath y 'Chicago' me volvió loco porque Roxie Hart soy yo. Tengo la lengua afilada, pero, como dijo Lola Flores, "me tenían que dar una subvención por la alegría".