Con el título de 'Sacrificio', esperábamos que este duodécimo episodio de la tercera temporada de 'El cuento de la criada' nos mostrase algún acto heroico en favor de la revolución. Pero así no es como funcionan las guerras, ni las crisis de estado, ni siquiera los dramas personales. Aunque Hollywood nos haya intentado convencer del poder de los héroes cotidianos, con o sin capa, lo cierto es que la mayoría seríamos unos cobardes. Y esos sacrificios, que en las grandes historias épicas serían los del protagonista, en la serie de Hulu son sacrificios involuntarios de otros, no por el bien común, sino por los intereses de unos pocos. En este nuevo capítulo, emitido en HBO España, hay dos sacrificios. Uno es más satisfactorio que el otro. Los dos, no obstante, son vehículos para que el universo creado por Margaret Atwood siga a flote en la pequeña pantalla.
El anterior episodio fue uno de los más convulsos de la temporada, con tres elementos clave: el asesinato de Winslow (Christopher Meloni) a manos de June (Elisabeth Moss), el encarcelamientos de los Waterford en la frontera de Canadá y la confirmación de que el plan de rescate de los 52 niños se dará gracias a un avión de la Resistencia. Sin noticias de los que viven más allás de las fronteras de Gilead (los grandes olvidados) y ni rastro de tía Lydia (¿dónde está la omnipresente jefa de las criadas?), nos encontramos en una situación de tensión, en la que en cualquier momento puede desatarse la tragedia. Lo notamos desde la primera escena del capítulo, donde vemos a la protagonista vigilando desde la ventana de su habitación, escuchando los pasos de intrusos en la entrada y levantando el arma contra la puerta para protegerse. Pero la que abre es Eleanor (Elizabeth Reaser), y no hay ninguna situación de peligro: los comandantes están demasiado preocupados por el arresto de Fred (Joseph Fiennes) y Serena (Yvonne Strahovski) como para percatarse del golpe que se está preparando.
Sin embargo, eso no quiere decir que esa distracción fortuita no vaya a desbaratar sus planes. La crisis de estado puede llevar al cierre de las fronteras y a la declaración de guerra con su país vecino, lo que incrementaría la presencia militar y dificultaría la llegada del avión. Se están jugando mucho en estos siete días que faltan hasta el rescate. Por eso, Joseph Lawrence (Bradley Whitford) intenta reclamar su autoridad ahora que Winslow y Waterford están fuera de juego, y calmar al Consejo para que no hagan ninguna tontería precipitada. De momento, lo consigue, pero nada le asegura que pueda contenerlos por mucho tiempo. Mientras, en la cocina, descubrimos que Billy, el camarero del Jezebel a cargo de la organización del avión, acepta participar en el plan de June. Con unas magdalenas, por supuesto. Todo está en marcha.
June, pletórica tras enterarse de que sus torturadores están encarcelados en Toronto, se encuentra en el supermercado con la que fuera la Martha de la casa de los Waterford, Rita (Amanda Brugel), cuando ella vivía allí. Es un encuentro lleno de historia y sentimiento. "Qué jefaza estás hecha", le dice, enterada del plan que está organizando. "Estoy orgullosa de ti", añade, tocando su mano entre las zanahorias. Es una escena pequeña, aparentemente insignificante, pero, para los que hemos vivido toda su historia juntas, está cargada de emociones. Ella vio cómo la violaban mes a mes, cómo sufría la violencia en esa casa, la cuidó durante su embarazo y sostuvo a su hija en brazos. Es una escena bonita, que probablemente no se volverá a repetir entre ellas.
En Canadá, respondemos por fin a las preguntas que nos surgieron al final del anterior episodio: sí, Serena ha vendido a su marido para ser libre de estar con Nichole. Y he aquí el primer sacrificio, el de una madre autoconvencida entregando a su pareja como ofrenda a cambio de saciar sus obsesivas necesidades maternales. Los detalles de este acuerdo entre ella y Mark Tuello (Sam Jaeger) aún no están del todo claros, pero descubriremos que incluyen (como mínimo) una visita del bebé a su "celda". Lo entrecomillo porque, por la estética y recursos de su habitación, su encarcelamiento parece llevarse a cabo en un hotel de 4 estrellas. Así cualquiera.
Moira (Samira Wiley) es la encargada de llevar a la hija de June a los brazos de Serena, que está retenida (que no encarcelada) a la espera de que acabe el proceso con su marido. Y no desaprovecha la oportunidad para lanzar unos cuantos dardos a la mujer. Le escupe las verdades que ya no solo tienen que ver con las violaciones repetidas a su mejor amiga, sino también a ella misma: recordemos que, bajo el nombre de Ruby, le tocó ser la esclava sexual preferida de Fred en el club Jezebel. Serena parece incómoda por estas revelaciones, pero en realidad solo tiene ojos para el bebé que tiene delante. Se le concede una hora con la presencia de una enviada de los Servicios Sociales, que le recuerda desde el primer minuto que no debería decirle que es su madre. Dice que porque le crearían confusión. Pero principalmente porque es mentira. ¿Cómo acabará esta enfermiza relación? ¿De verdad cree que le dejarán ser la madre que quiere ser? ¿Qué pasará si vuelve June?
En la habitación de Fred también tiene lugar un peculiar encuentro. O, más bien, completamente incomprensible encuentro. Luke (O.T. Fagbenle) decide visitar al comandante, a sabiendas de todo lo que le ha hecho a su mujer bajo las leyes de Gilead. Entra con prudencia, con una carpetita donde ha recopilado todos sus crímenes. No dice nada, no pregunta nada, no utiliza esos documentos para nada. Es un momento construido para el morbo más absurdo, que acaba con un puñetazo (bien merecido, eso sí) y ninguna información de interés. ¿Qué esperaba hacer o conseguir en ese encuentro? ¿Era solo una necesidad de mirar a la cara al violador de June? ¿Quizás solo una excusa para tenerle cerca y poder partirle la cara? Sea como sea, se antoja una escena de lo más inane.
De vuelta en Gilead, la historia se prepara para el segundo sacrificio: el de Eleanor. La señora Lawrence ha perdido completamente el juicio, y el episodio se encarga de recordárnoslo, ya sea con su intención de ir a rescatar niños por las calles o cuando casi revela su plan de rescate frente a la viuda de Winslow. Sin duda, se ha convertido en un peligro para el operativo, lo que lleva a la heroína a uno de sus actos más despreciables de la temporada. Al entrar en su habitación con la cena, se percata de que la mujer está sufriendo un ataque tras tomarse un frasco entero de pastillas. La criada se apresura a buscar ayuda, pero se detiene. Piensa. ¿Va a dejarla morir? Efectivamente. Deja la comida en la puerta como si jamás hubiese entrado a ver cómo estaba, y se retira a su habitación.
Este momento puede entenderse de dos maneras. Primero, como un acto misericordioso, pues la mujer ya estaba al límite de su cordura y ha sido un gesto de compasión el dejarla morir, como evidentemente pretendía al tomarse las pastillas. Segundo, como una decisión basada en la seguridad del plan, que estaba amenazando con sus arrebatos. En ambos casos es una decisión difícil, cuya ambigüedad nos permite seguir creyendo en la bondad de nuestra heroína, aunque, como Serena, ha permitido un sacrificio en este capítulo por el bien de sus necesidades individuales.
¿Seguirá el comandante Lawrence apoyando el rescate ahora que no tiene el aliciente de salvar a su esposa? ¿Cómo conseguirá Serena establecer unos términos satisfactorios para ejercer de madre de Nichole? ¿Ayudará Fred al gobierno de Canadá a "entender" mejor el estado de Gilead, y quizás a colaborar en su desmantelamiento? ¿Sabremos algo de Emily (Alexis Bledel) y su nueva vida? ¿Tendremos un dejà vu con June negándose a subir en el avión y quedándose de nuevo en Boston para buscar a Hannah, que ahora está en paradero desconocido? En definitiva, ¿qué nos espera en el capítulo final de la temporada? En una semana, las cartas estarán sobre la mesa, y comprobaremos si se necesitan más sacrificios para que esta serie siga teniendo sentido.

Mireia es experta en cine y series en la revista FOTOGRAMAS, donde escribe sobre todo tipo de estrenos de películas y series de Netflix, HBO Max y más. Su ídolo es Agnès Varda y le apasiona el cine de autor, pero también está al día de todas las noticias de Marvel, Disney, Star Wars y otras franquicias, y tiene debilidad por el anime japonés; un perfil polifacético que también ha demostrado en cabeceras como ESQUIRE y ELLE.
En sus siete años en FOTOGRAMAS ha conseguido hacerse un hueco como redactora y especialista SEO en la web, y también colabora y forma parte del cuadro crítico de la edición impresa. Ha tenido la oportunidad de entrevistar a estrellas de la talla de Ryan Gosling, Jake Gyllenhaal, Zendaya y Kristen Stewart (aunque la que más ilusión le hizo sigue siendo Jane Campion), cubrir grandes eventos como los Oscars y asistir a festivales como los de San Sebastián, Londres, Sevilla y Venecia (en el que ha ejercido de jurado FIPRESCI). Además, ha participado en campañas de contenidos patrocinados con el equipo de Hearst Magazines España, y tiene cierta experiencia en departamentos de comunicación y como programadora a través del Kingston International Film Festival de Londres.
Mireia es graduada en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y empezó su carrera como periodista cinematográfica en medios online como la revista Insertos y Cine Divergente, entre otros. En 2023 se publica su primer libro, 'Biblioteca Studio Ghibli: Nicky, la aprendiz de bruja' (Editorial Héroes de Papel), un ensayo en profundidad sobre la película de Hayao Miyazaki de 1989.