‘BoJack Horseman’ llega a su fin y lo cierto es que ha sido un viaje apasionante. Quizás nos hemos movido poco del sitio, de hecho los personajes no son muy diferentes de como empezaron 6 temporadas atrás. La serie de Netflix nunca tuvo una de esas tramas lineales cuyas acciones definen la historia. El acierto de la serie de Raphael Bob-Waksberg (creador también de la sorprendente ‘Undone’) fue la de crear una especie de escaparate para unos personajes que representan y reúnen los mayores dilemas de nuestra sociedad. Con el paso de los capítulos, hemos ido conociéndolos muy poco a poco. Y lo hemos hecho más a raíz de sus errores que de sus aciertos.

Así llega ‘BoJack Horseman’ a su final

De forma simple, podríamos decir que ‘BoJack Horseman’ es una serie de personaje. Algo así como lo fue ‘Mad Men’ con Don Draper pero alrededor de la figura de BoJack (Will Arnett). En la primera temporada conocimos a un privilegiado y acomodado actor que, sin trabajar desde hace años, vivía en un exceso de alcohol y drogas pagado por las rentas de su sitcom. Podríamos decir que, por entonces, BoJack era la típica estrella cuya vida envidiamos hasta el momento en que oímos en el telediario que ha aparecido muerto en extrañas circunstancias, después de una larga depresión. A partir de entonces, nos tocaba comprender el porqué. En la segunda y tercera temporada nuestro hombre recorría su vida, a sus amigos y su juventud. Descubríamos sus errores pasados (su reacción al cáncer de su mejor amigo) y presentes (la hija de su amor de juventud o la durísima muerte de Sarah-Lynn).

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Por aquel entonces, BoJack ya nos tenía ganados. Por si no lo sabíamos previamente, ya nos habíamos enterado, nos acaban de demostrar que los lujos superficiales de la fama y el dinero no tapan, ni por asomo, las miserias a las que todos nos asomamos. De hecho, la presión social, las altas expectativas, el dinero o el excesivo tiempo para pensar pueden aislarte y hundirte en la tristeza. ‘BoJack Horseman’ iba a hablar de la depresión y de lo difícil que es ser feliz, especialmente cuando nada te lo impide. BoJack y su narcisismo ya estaban disculpados y era hora de adentrarse hasta lo más profundo en su psique. Llegó la temporada cuarta y retrocedimos hasta su más tierna infancia. Descubrimos que su tendencia depresiva y su involuntaria habilidad para ser infeliz y autodestructivo venían de familia. Creíamos que todas las cuentas ya estaban saldadas, que BoJack se lo merecía y que en la quinta temporada sería feliz. Pero ¿todos nos merecemos ser felices?

Mientras que BoJack hacía más fuerte su adicción a las drogas y más débil su unión con la realidad la serie nos traicionó. Nos lo merecíamos, porque de golpe nos hizo recordar todo lo malo que había hecho BoJack y nos explicó por qué no se merecía un borrón y cuenta nueva sin pagar peaje. Recordamos que en cada capítulo 11, siempre el más movido de cada temporada, le rompía el corazón y algo más a una o varias mujeres. Fue la temporada más inspirada por el feminismo, la del #MeToo que, como a todos, también merecía revisar a un tal BoJack Horseman. Recordamos la pelea con Diane en la primera temporada, lo sucedido con Charlotte y Wanda en la segunda, lo de Sarah-Lynn en la tercera, la relación con su madre y su hermanastra sorpresa Hollyhook en la cuarta y, por último, el estrangulamiento a su compañera y amante Gina Cazador en la quinta. Quizás nuestro actor no se merecía ir a la cárcel, pero tampoco seguir adelante como si no hubiese hecho nada. Así, sin más, lo dejamos en la clínica de rehabilitación. Era un gesto de disculpa que había tardado 5 temporadas y mucho contenido biográfico en llegar. La muestra de que BoJack intentaría, de verdad, cambiar.

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Pero BoJack no estuvo solo en este viaje. En él hemos visto representada la depresión del primer mundo, la futilidad de lo superficial, el aislamiento de la fama o los traumas del fracaso social con ciertos toques de masculinidad tóxica. Para completar el retrato, enfrente teníamos a su amigo/enemigo Mr. Peanutbutter (Paul F. Tompkins), cuya felicidad crónica se contrapone con la depresión de BoJack para, en realidad, decir lo mismo. Si BoJack está triste es porque piensa demasiado, pero su compañero perruno es feliz precisamente porque no se quiere detener a pensar. En camino de su cuarta boda (y futuro cuarto divorcio), incapaz de estar con una mujer más allá de la veintena (esperemos que DiCaprio no se sienta ofendido) y con ningún trabajo de renombre en su carrera actoral, Mr. PeanutButter es el efecto espejo de BoJack. Su personaje nos demuestra, desde el lado contrario, que la inconsciencia solo crea una falsa felicidad. Ambos, en el fondo, son iguales, las dos caras de la misma moneda.

En un punto totalmente diferente se encuentra desde el principio Todd Chavez. El personaje interpretado por Aaron Paul (Jesse Pickman) era, desde el principio, el más terrenal de la serie. Creíamos que iba a ser el punto cómico, el joven vago y algo estúpido que, con sus despistes, dotaría a la ficción de sketchs. Pero Todd creció para sorprendernos a todos, alejado de los focos de sus compañeros, el joven representa todos los problemas de un millennial. A la inseguridad laboral, afectiva y escasa capacidad de comunicación se sumó el interesante enfoque de la asexualidad. Todd no solo busca a la persona que le haga salir de ese agujero, tal y como lo hace con un trabajo que le motive, sino que necesita hacerse comprender en una sociedad que aún tiene que aceptar todo el espectro de las orientaciones sexuales. En este punto ninguna ha estado más inexplorada, en su unión con la búsqueda romántica, que la desafección por cualquier tipo de contacto sexual. De repente, el que parecía el personaje más superficial se convirtió en el más tierno y original de la serie. Por el contrario, quizás el más clásico y poco sorprendente sea el de Princess Carolyn (Amy Sedaris), una mujer inteligente, madure e independiente que va sintiendo la necesidad de buscar una familia más allá de su oficina. Aunque podríamos decir que cae en el tópico del “reloj biológico’ de una mujer de mediana edad, su posición como madre soltera y trabajadora cubre un espectro social que, quizás, la serie necesitaba.

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Por último, y también más importante dentro de los personaje secundarios, tenemos a Diane Nguyen, la joven de ascendencia asiática a quien pone voz Alison Brie ('Glow’). Feminista e intelectual, Diane no solo es el paradigma de mujer moderna que ha de dilucidar cuánto merece la pena traicionar sus ideas para abrirse pasa en un mundo injusto, también es la voz de la conciencia en la serie. A pesar de una serie de decisiones que ella misma se reprocha, como escribir la biografía de BoJack o casarse con un hombre (perro en este caso) como Mr. Peanutbutter, y viajar para descubrir sus raíces, Diane nunca ha dejado de decirle a BoJack la verdad. Mientras que lo hacía nos la decía también a nosotros, y aunque su vida sea cada vez más desastrosa, es el paradigma de honradez y moral que podemos admirar. Ella, como todos los demás, tampoco es feliz, pero al menos es consciente de todas sus acciones y caminos y sigue buscando, de forma sana y reflexiva, una mejor forma de conocerse a sí misma. Diane es la mejor amiga de BoJack porque es la única que le ha dicho una y otra vez la verdad. Suyo es el momento más destacado de la quinta temporada, en la que debate con BoJack por sus errores y sobre cómo la sociedad perdona y culpa a ídolos. Posiblemente la reflexión más inspirada en torno a ese eterno debate entre separar o no al artista de la obra, o los juicios sociales y público a las estrellas. Ella es la que hace que BoJack acabe en rehabilitación y, sin duda, seguirá siendo los ojos más objetivos con los que esta serie llegará a su final.

¿Cómo va a acabar BoJack?

La serie se despedirá con una sexta temporada partida en dos entregas, pero llegará a su fin más allá del plan de sus creadores. Antes de que apareciera su sorpresivo tráiler anunciado las fechas, temíamos que el retraso de la sexta temporada se convirtiera en otra cancelación de Netflix. Los rumores de malas relaciones entre los creadores de la serie y la plataforma de streaming, protestas sindicales por un sueldo más justo para los animadores de por medio, nos hacían temer quedarnos sin más BoJack. Al final se ha resuelto con un final que, quizás llega pronto pero permite a la serie despedirse. Quizás esto no sea algo catastrófico. No lo olvidemos, la serie de Raphael Bob-Waksberg no es una ficción cerrada tipo ‘Breaking Bad’, una historia fija que parece tener tan claro su final como su principio y es imposible imaginarla antes o después. ‘BoJack Horseman’ podría haber acabado hace varias temporadas como podría llegar a tener varias más. Al fin y al cabo, conocer a los seres humanos y a la sociedad no es una trama que se agote. De hecho, cuanto más lo hacemos más descubrimos cuanto nos falta por conocer. Y eso es precisamente lo que pasa con BoJack, con cada temporada lo conocemos más, pero cada vez tenemos menos claro que haya una solución, un final, para él.

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Si la temporada final empieza con BoJack saliendo de rehabilitación, la serie tiene tres opciones. La primera sería un final feliz, con el personaje rehabilitándose por completo, aprendiendo a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, pidiendo perdón a las personas que ha herido y aprendiendo a confrontar sus numerosos traumas de una manera sana. Sobra decir que este final queda descartado salvo sorpresa mayúscula. La simplicidad de este “comieron perdices para siempre” traicionaría por completo el espíritu de la serie y la complejidad de los problemas que BoJack, y muchos de nosotros, tenemos. Como se demostró en la pasada temporada, las cosas no se arreglan, y tampoco se olvidan. El otro camino es justo lo contrario, que BoJack recaiga y se convierta en una de esas estrellas depresivas que aparece muerta flotando en la piscina de su mansión con varios botes de pastillas alrededor. Aunque este final es más probable que el anterior, ya que convertiría al protagonista en el ejemplo de estrella trágica que siempre ha sido, sería un desenlace demasiado fácil y previsible. Aunque la serie ya tocó ese tema con la muerte de Sarah-Lynn, depararle el mismo destino al personaje protagonista no dejaría de ser un lugar común en el que la serie no debería de caer con su poliédrico personaje central.

‘Bojack Horseman’, como lo fue ‘The Wire’, es una serie social. Es decir, podríamos haber acompañado a sus personajes años antes del comienzo de la serie y sus vidas, aunque nos fastidie, seguirán siendo igual de interesantes tras el final. Solo los hemos acompañado durante un breve periodo de su existencia, el suficiente para conocerlos. El camino más lógico para BoJack es, indudablemente, seguir siendo BoJack. El desarrollo de la temporada decidirá como lo abandonaremos exactamente. Quizás sí que arregle algunas cosas, quizá sí deje o reduzca sus adicciones, quizás aprenda algo o mejore como persona. Sin embargo, también quizás vuelva a cometer errores, alguno incluso fatal, vuelva a dañar a alguien que quiere y a confundir realidad y ficción en su creciente estado de locura. Pero lo más probable es que pase como en cada una de las temporadas, y nuestro querido caballo haga algunas de las cosas buenas y algunas de las cosas malas.

El único final que BoJack se merece en su serie es seguir descubriéndose y, como todo ser humano (es un decir), seguir cometiendo errores mientras intenta ser lo más feliz posible, que es más bien poco. Sin la posibilidad de un final falsamente feliz y descartada su muerte, el único camino posible de nuestro inestable actor es seguir viviendo. La serie podría despedirlo con alguna licencia, quizás encontrando un amor más estable, quizás haciendo las paces o algo más con Diane, pero nunca podrá convertir a BoJack en una persona sin problemas. La ficción animada ha ido cavando cada vez más profundo, explorando las zonas grises de cualquier tema y este desenlace no será una excepción. Quizás porque no hay verdaderas tramas que solucionar ¿o es que ver a BoJack casado y feliz o ganando un Oscar tendría sentido como cierre? Lo del Premio Nobel mejor lo dejamos para ‘The Big Bang Theory’.

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Lamentablemente, los finales abiertos y poco masticados no suelen ser los preferidos del público pero son los que más viva dejan la serie y, sin lugar a dudas, los que resisten mejor el paso del tiempo. Ya que esta temporada no iba a ser la última y la historia no tiene un claro punto final ¿por qué inventárselo y forzarlo para dejarnos contentos?

No nos olvidemos de las tramas secundarias

Lo mismo se podría decir de los demás personajes. Si nadie sabe cómo debería ser la perfecta mujer moderna, básicamente porque no la hay ni la debe haber, Diane no puede tener otro destino que no sea, simplemente, seguir su inacabable camino de descubrimiento y aceptación. Sus problemas, como los de todos en la serie, no se pueden solucionar solo con un nuevo novio o un nuevo trabajo. Cerrar sus asuntos con el llamado “amor verdadero” o el trabajo ideal es precisamente una filosofía que la serie ha intentado derribar desde su comienzo.

Más dramática podría ser la temporada para los otros dos personajes masculinos. Todd sí podría conseguir encontrar el amor en una persona que acepte su asexualidad. Pero estuvo cerca de conseguirlo en la última temporada y quizá su personaje merezca algo más elaborado. Aunque el tráiler nos dice poco, nos avanza que Todd tendrá que enfrentarse a sus padres. Puede que esta sea la temporada en la que al fin conozcamos un background más completo del personaje, desde conocer a su familia hasta su infancia, tal y como sucedió con BoJack en la temporada 4. Todd, que siempre ha sido más de lo que la gente piensa, es el único personaje que sí podría llegar a conocerse y a admitirse a sí mismo en esta temporada final. Asumida su asexualidad, el enfrentamiento con su familia y sus raíces podría ser el punto de inflexión para afrontar la vida de una manera más valiente, decidida y enfocado. Pero, si no lo hace y sigue siendo simplemente Todd, no habrá nada que echarle en cara.

BoJack Horseman
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Mr. Peanutbutter no se puede despedir de la serie sin tener su primera gran crisis. Ya en el tráiler le dicen que “las personas que parecen más felices suelen ser las más reprimidas”. En este sentido, BoJack le saca algo de ventaja a su colega de profesión. Mr. Peanutbutter se merece explotar, admitir sus problemas y abrazar la tristeza y la oscuridad. Quizás entonces tenga que comenzar a transitar por el mismo largo camino de autoflagelamiento que han recorrido BoJack y Diane, pero la serie debe acabar con ese como uno de sus grandes mensajes. Si en algo puede ser clave Mr. Peanutbutter en este desenlace es en el de completar una reflexión que ha sobrevolado todo la serie, no hay que avergonzarse de no ser feliz.

Por otro lado, tras la adopción y convertida en manager y productora, el camino vital de Princess Carolyn parece estar bastante cerrado. Como ya avanza el tráiler, la temporada recorrerá sus dificultades para conciliar sus deberes profesionales y familiares. Como tenemos claro que no va a abandonar o devolver al bebe, su único desenlace drástico sería retirarse a un entorno laboral más tranquilo que le permitiese pasar más tiempo con su retoño. Pero, no lo olvidemos, eso sería otro lugar común que traicionaría a un personaje que siempre ha destacado por su pasión y compromiso laboral. Como BoJack, Diane o toda la serie, el único camino coherente de Princess Carolyn es el de afrontar su nueva vida con sus enormes dificultades lo mejor posible.

Será en los pequeños matices del guion, imposibles de adivinar previamente, donde residirá la calidad del desenlace una serie que nos ha enseñado mucho sin respondernos nada. Como siempre, son las preguntas las que nos hacen avanzar, y esperamos que este final de ‘BoJack Horseman’ nos depare unas cuentas más, deliciosamente difíciles de responder. La primera mitad (8 capítulos) de la última temporada ya está disponible en Netflix.

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Headshot of Rafael Sánchez Casademont

Rafael es experto en cine, series y videojuegos. Lo suyo es el cine clásico y de autor, aunque no se pierda una de Marvel o el éxito del momento en Netflix por deformación profesional. También tiene su lado friki, como prueba su especialización en el anime, el k-pop y todo lo relacionado con la cultura asiática. Por generación, a veces le toca escribir de éxitos musicales del momento, desde Bizarrap hasta Blackpink. Pero no se limita ahí, ya que también le gusta escribir de gastronomía, viajes, humor y memes. Tras 8 años escribiendo en Fotogramas y Esquire lo cierto es que ya ha hecho un poco de todo, desde entrevistas a estrellas internacionales hasta presentaciones de móviles o catas de aceite, insectos y, sí, con suerte, vino.  Se formó en Comunicación Audiovisual en la Universidad de Murcia. Después siguió en la Universidad Carlos III de Madrid con un Máster en Investigación en Medios de Comunicación. Además de comenzar un doctorado sobre la representación sexual en el cine de autor (que nunca acabó), también estudió un Master en crítica de cine, tanto en la ECAM como en la Escuela de Escritores. Antes, se curtió escribiendo en el blog Cinealacarbonara, siguió en medios como Amanecemetropolis, Culturamas o Revista Magnolia, y le dedicó todos sus esfuerzos a Revista Mutaciones desde su fundación.  Llegó a Hearst en 2018 años y logró hacerse un hueco en las redacciones de Fotogramas y Esquire, con las que sigue escribiendo de todo lo que le gusta y le mandan (a menudo coincide). Su buen o mal gusto (según se mire) le llevó también a meterse en el mundo de la gastronomía y los videojuegos. Vamos, que le gusta entretenerse.