'Heartstopper' es una serie preciosa, entretenida, emocionante y que te deja el corazón caliente cuando termina. Dejemos claro esto antes de empezar para que no se entienda que aquí vamos a verter hate contra la serie más cuqui del momento y una de las mejores series originales de Netflix. De hecho, la segunda temporada de 'Heartstopper', estrenada la semana pasada, ha confirmado las buenas sensaciones de su debut y ha expandido el universo de Charlie y Nick consolidando a sus personajes secundarios a lo largo de ocho episodios donde el protagonismo y los temas ha tocar han estado muy bien medidos. Ha sido una temporada deliciosa y conmovedora, pero eso no significa que no haya algún "pero" que se le pueda sacar.

Una de las principales virtudes de 'Heartstopper' es que, frente a otras ficciones adolescentes donde el sexo y las drogas son el tema estrella y en las que los personajes se enfrentan a terribles situaciones (asesinatos, suicidios...) aquí lo que se retratan son las vidas de unos chavales mucho más corrientes, aunque no por ello anodinos. Es una serie donde la amistad y el despertar amoroso son los asuntos centrales y en la que se retratan problemas sencillos de cualquier adolescente, como es que te hagan un chupetón en el cuello o qué plan escoger para una segunda cita. También hay, cierto es, temas más profundos como la relación con los padres, la salida del armario o los TCA, aunque tratados desde la naturalidad y de forma nada rocambolesca.

Es en esa sencillez donde se encuentra el ADN de 'Heartstopper', que pretende ser una serie en apariencia pequeñita, pero de incontestable grandeza (y por ello cada vez está consiguiendo más seguidores: esta temporada ya ha doblado la cifra de visionados de la anterior). Asimismo, está en la naturaleza de la serie un optimismo casi idealista, en oposición a la tradición de historias LGTBIQ+ duras donde los personajes siempre están abocados a la tragedia por su identidad u orientación sexual. En cierto modo, 'Heartstopper' es un oasis para los espectadores queer, especialmente para los más jóvenes, que pueden encontrar en estos personajes una representación inspiradora de casi todas las letras del colectivo.

heartstopper temporada 2
Netflix

Y es, también, una forma de retratar, frente a otras ficciones más sórdidas, modelos de conducta positivos, menos tóxicos, donde los protagonistas se expresan, dicen lo que sienten y actúan con empatía. Ojalá todos nos comportásemos así con nuestros amigues y, desde luego, es un tesoro que el público queer más joven (y también el cishetero, por supuesto) tenga este espejo en el que mirarse. Pero como espectador, a ratos, también resulta chocante que unos personajes de apenas quince años se comporten con una inteligencia emocional tan alta como impropia de su edad. Y ojo, no es que tenga poca confianza en la generación zeta (todo lo contrario, muchísima), pero demuestran una comprensión y una capacidad de resolución de conflictos a la que muchas personas no llegan con más años y horas de terapia.

Es ahí donde la serie puede establecer un modelo de conducta idealista en el que es bueno mirarse para aprender, a la par que un estándar difícil de alcanzar para el espectador medio. Y ese es, quizás, el único "pero" a 'Heartstopper'. Es imposible ser tan bueno como Charlie, Nick, Tao, Elle y lxs demás. Pero, bueno, lo intentaremos.

Headshot of Álvaro Onieva

Nací en Wisteria Lane, fui compañero de piso de Hannah Horvath y 'Chicago' me volvió loco porque Roxie Hart soy yo. Tengo la lengua afilada, pero, como dijo Lola Flores, "me tenían que dar una subvención por la alegría".