Álex de la Iglesia llega a Netflix con una nueva ficción altamente inflamable. El director estrena este viernes, 13 de diciembre, '1992', una miniserie coescrita junto a Jorge Guerricaechevarría, con quien colabora desde el cortometraje 'Mirindas asesinas' de 1990, y juntos echan la vista atrás hasta la mítica Expo de Sevilla para colocar ahí una trama de misterio y asesinatos en serie. Sus protagonistas, Richi y Amparo (interpretados por Fernando Valdivielso y Marian Álvarez) intentarán descubrir qué hay detrás de unos crímenes con denominador común: los cuerpos aparecen calcinados y, junto a ellos, siempre se encuentra un muñeco de Curro.

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Juan Naharro Gimenez//Getty Images

Hablamos con el director para desentrañar las claves de esta historia que tratará de mantenernos sin pestañear durante seis episodios.

¿Cómo surge la idea para hacer '1992'?

Netflix quería un thriller y hablamos de la posibilidad de una historia que se desarrollara en el período de la Transición. Fuimos poco a poco detallando, hasta que encontramos la idea madre, que era una serie en la época de la Expo del 92. Es una época muy convulsa, con miles de referencias iconográficas, simbólicas y, sobre todo, que están en el pasado de la cabeza de la gente. La Expo sigue siendo algo como legendario que ocurrió en una época indeterminada de nuestro pasado. Incluso yo lo recuerdo como un momento entre mágico y terrible, con noticias espantosas, aquel barco que se hunde, de pronto se incendia un pabellón... Era todo muy, muy angustioso y, al mismo tiempo, cuando salió todo adelante fue mágico.

¿Qué te hizo pensar que era perfecto para una serie de misterio?

La misma Expo era un misterio. Lo recuerdo como algo que no terminaba de entender qué ocurría. Yo sentía que teníamos una responsabilidad muy grande como ciudadanos, decía: "Por favor, que salga bien, que demos una imagen buena de España". Todo eso era muy bueno para una trama de suspense: partes de un hecho del que todos recordamos que había cosas que no entendíamos.

A partir de ahí, ¿cómo armáis esta serie que transcurre, además de en aquella época, en el presente?

Fue una labor de meses de escritura. Queríamos que se desarrollara en la actualidad. No es un biopic ni una serie de época, es un producto absolutamente de ficción, que refiere a los sueños o a los recuerdos que tenemos de la Expo, pero no refleja una Expo real. Eso es algo que teníamos muy presente. Cuando empezamos a escribir, nos interesaba qué ocurriría si de pronto ese pasado resurge con unos elementos totalmente fuera de contexto, como que aparezca un Curro en un crimen. Ahí tienen claro que debe tener relación con la Expo y empiezan a investigar qué ocurrió y quiénes eran los personajes que estaban allí.

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Curro es un juguete infantil, bonito, pero en la serie se convierte en un elemento siniestro. ¿Qué representa para ti?

Así ha sido y sigue siendo mi vida. Siempre hay elementos relacionados con la infancia, que parecen adorables, que me siguen y me persiguen durante mi vida. Los primeros dibujos animados que vi fueron 'Fuera del tintero', que es un payaso que sale de un bote de tinta. Todo eso forma parte de un background que tú tienes en la cabeza y, al mismo tiempo, colocado en un ámbito siniestro. El mismo payaso es un ejemplo de eso, esa mezcla de horror y de inocencia. Eso es lo que para mí genera una narración atractiva.

¿Cómo ha sido recrear la Expo de Sevilla para la serie?

Era muy caro y muy complicado, así que hemos elegido muy bien los momentos: el del pabellón, el del barco, el de la construcción de la Expo... Son pocos, pero los hemos intentado hacer lo mejor posible y creo que generan esa sensación de que cuando recordamos la Expo no estamos ceñidos a un ambiente muy pequeño y cerrado, sino que vemos claramente la Expo. Ha sido de las cosas más complicados.

La Expo de Sevilla tenía un objetivo internacional, pero también giraba en torno a elementos muy folklóricos. La serie, al retratar algo tan concreto español pero emitirse en todo el mundo, también. ¿Cómo se equilibra eso?

Lo divertido de un producto que tiene intención de tener una repercusión global es, precisamente, lo local que es. Eso es es algo que Netflix conoce muy bien: sus grandes éxitos han sido cosas muy locales, como 'El juego de calamar'. Era impensable que eso funcionara en todo el mundo y, sin embargo, funciona porque disfrutas de algo que es ajeno a ti y, al mismo tiempo, lo reconoces como propio. Creo que cuanto más te cierras en tu mundo, en las cosas que te importan, lo conviertes en universal. A mí me pasa con las series que se producen en el norte de Europa. Son absolutamente ajenas a los sentimientos y a las emociones extremas que podemos vivir aquí, pero eso las hace atractivas. Te ves metido en otro mundo en el que encuentras concomitancias. Eso intentaba con '1992', no perder ese punto local y costumbrista y, al mismo tiempo, hacer que la historia sea comprensible en cualquier lugar.

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Juan Naharro Gimenez//Getty Images

En ese sentido, ¿había algún elemento local que te llamase la atención en especial?

Me gustan mucho los policías sevillanos que te dicen 'joder, ha perdido el Betis' y también 'venga, cuéntame qué ha pasado'. Me gusta mucho colocar a los personajes en un entorno muy costumbrista, eso forma parte de mi manera de ver el cine, no puedo evitarlo. Y también coger cosas de 'Los crímenes del museo de cera' o de historias de terror gótico y traerlas a un entorno en el que nunca las habrías imaginado. Esto lo sentí cuando vi aquellas fotos en internet de los Curros comidos por el tiempo en un almacén de Curros. Esa sensación de parque de atracciones en ruinas es fascinante. Cuando vi eso, surgió la idea de la serie.

En la serie llueve muchísimo. ¿Hay algún significado?

Es un elemento fantástico para el thriller, no se me ha ocurrido a mí. Lo tienes en David Fincher, en Ridley Scott... Es una manera de hacer la misma imagen como nostálgica. Los personajes van a Sevilla y de pronto es un contraste muy fuerte entre ese mundo que representamos en Madrid, con esa comisaría siniestra y enorme... Todo eso va configurando un clima incómodo en el que los personajes parece que encuentran no solamente un obstáculo en la investigación con la policía o con todo lo que tienen que investigar o directamente con los villanos de la historia, sino que la misma geografía y el mismo clima se coloca en su contra.

¿Cómo fue la elección del dúo protagonista?

A Marián yo la amaba desde hacía mucho y siempre había querido trabajar con ella y a Fernando le descubrí en 'Venus' [película de Jaume Balagueró que De la Iglesia produjo]. Hacía un pequeño personaje y le di este protagonista porque me resultaba francamente atractivo. Es un tío enorme y con un aspecto tremendo y a la vez muy tierno. Me gustaba mucho el contraste entre él y Marián, son tan opuestos que encajan. Creo que es uno de los aciertos de la serie.

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Hablabas antes de la dificultad de recrear la Expo. Aparte de eso, ¿qué ha sido lo más difícil de hacer la serie?

Los crímenes. Son muy complicados. Hemos rodado en sitios en los que no se podía hacer fuego y hemos hecho mucho fuego. Entonces, todos son trucos y teníamos especialistas porque yo quería la realidad del fuego. Teníamos actores ardiendo y eso nos ha costado mucho técnicamente y creo que es lo más atractivo. Por ejemplo, el hotel del primer episodio es un decorado por eso, porque le íbamos a prender fuego, si no lo hubiéramos rodado en un hotel normal. Pero ya aprovechamos para hacer una habitación con un carácter como de prostíbulo decadente. Y también el tren que aparece era un decorado y era muy complejo.

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Headshot of Álvaro Onieva

Nací en Wisteria Lane, fui compañero de piso de Hannah Horvath y 'Chicago' me volvió loco porque Roxie Hart soy yo. Tengo la lengua afilada, pero, como dijo Lola Flores, "me tenían que dar una subvención por la alegría".