"En igualdad de condiciones, creo que preferiría que me homenajearan por crear a alguien un poco más inspirador", decía Vince Gilligan, creador de 'Breaking Bad', al recibir el premio honorífico del Sindicato de Guionistas de EEUU. Se refería, en concreto, a Walter White, sin duda su gran aportación al audiovisual internacional a través de una de las series más relevantes de las últimas décadas. El autor, sin embargo, se mostraba contrariado por su legado y en la relación de este con (cabe intuir) la nueva era Trump o la influencia de Elon Musk.

"En 2025, es hora de decirlo en voz alta, vivimos en una era en la que los malos, los de la vida real, están fuera de control. Malos que hacen sus propias reglas, malos que, sin importar lo que digan, solo buscan su propio beneficio. ¿De quién estoy hablando? Bueno, esto es Hollywood, así que adivina. Aquí está la extraña ironía: en nuestro país profundamente dividido, todo el mundo parece estar de acuerdo en una cosa: hay demasiados malos de la vida real, es solo que vivimos en realidades diferentes, así que todos tenemos listas diferentes".

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Pero, ¿qué relación hay entre esos "malos" de la vida real y Walter White? A pesar de que el personaje encarnado por Bryan Cranston no debería ser tomado como modelo de conducta, según reflexiona el guionista mucha gente lo toma como tal: "Durante décadas hemos hecho que los villanos fueran demasiado atractivos. Los espectadores de todo el mundo prestan atención y dicen: "este es un tipo rudo, quiero ser así de guay". Cuando eso sucede, los malos ficticios dejan de ser los cuentos de advertencia que se pretendía que fueran. Se han convertido en aspiraciones".

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De esta manera, Gilligan recogía un debate que, durante años, se ha desarrollado en torno a su serie más popular: el de si la serie, de algún modo, glorificaba a Walter White y, aunque quedase por un lado claro que lo que hacía no estaba bien (tráfico de drogas y crímenes varios), la forma lo proyectaba como un ídolo. Dicho de otra forma, aunque todos conociésemos que en teoría Walter White capitaneaba la era de los antihéroes, muchos espectadores se dejaban el "anti" por el camino. Directamente, no entendían la serie y la interpretaban como querían.

Es lo que pasaba aquí, salvando las distancias, con la figura de Torrente. Al menos en su primera película 'Torrente, el brazo tonto de la ley', de corte más autoral antes de que se convirtiese en una saga taquillera, la figura del policía quedaba a todas luces retratada desde el patetismo: era un hombre corrupto, guarro, desagradable y con un comportamiento poco ético. Sin embargo, a buena parte de la audiencia le hizo gracia, no solo para reírse de él, o con él, sino para incluso celebrar algunas de sus peores cualidades u opiniones.

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"Solía ​​culpar a los espectadores, pero ahora creo que los guionistas fueron en gran medida los responsables de esta reacción, lo cual no quiere decir que no respete a Gilligan", exponía en Bluesky la crítica de televisión Emily Nussbaum de The New Yorker, "Cuanto más leía sobre la dinámica interna de la serie, más claro me parecía que el problema tenía que ver con su concepción, especialmente el hecho de que no habían moldeado a Skyler como un personaje real ni habían pensado mucho en su vida interior al principio".

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En efecto, Skyler siempre fue un objeto de odio furibundo para una parte del sector masculino que veía la serie, que proyectaba contra ella muchas de sus frustraciones: la veían como una mujer castrante frente a ese Walter White en ascenso, una piedra en su camino (simplemente, dejémoslo claro, porque no le pareciese bien que el fin justificase cualquier medio). "Se convirtió en una herramienta, un símbolo de la opresiva y remilgada salud liberal al estilo de la enfermera Ratched, para hacer que Walt fuera más simpático", añade Nussbaum, "Daba igual cómo la serie girase para mostrar su perspectiva, no podía escapar de ese problema original".

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"Es muy interesante ver cómo cambia el discurso sobre 'Breaking Bad' a lo largo de los años... Incluso por parte de las personas que dedicaron una enorme cantidad de pensamientos y creatividad a su creación y que se ven comprensiblemente perturbadas por la respuesta que tuvo", concluye. Como muchos otros usuarios añadían a la conversación, se podría asumir que Kim Wexler (el personaje de Rhea Seehorn en 'Better call Saul') era en cierto modo una tirita del equipo para esta herida, pero, claro, se puso ya en un spin-off y no en la serie principal.

¿Hay que escribir sobre "tipos buenos"?

"Tengo una propuesta", decía Vince Gilligan en su discurso dirigiéndose a sus compañeros de gremio. "No creo que solucione todo, pero puede ser un comienzo: escribamos más personajes buenos", proponía, "Tal vez lo que el mundo necesite ahora sean algunos tipos buenos de la vieja escuela, de los que dan más de lo que reciben". ¿Más Colombo y menos antihéroes?

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'Colombo'//Getty Images


Al respecto, Zack Handlen, periodista de AV Club, escribía en Bluesky: "Me gusta mucho Vince Gilligan, pero la idea de que los artistas necesitan contar historias sobre buenas personas para mejorar el mundo es, para mí, errónea. Por ejemplo, el mundo no es malo por 'Los Soprano' y 'Breaking Bad'; en todo caso, esas series existieron para advertirnos de los males que ya existían. Tal vez esa sea la distinción más importante entre las historias contadas a niños y las historias contadas a adultos: las primeras tienen como objetivo instruir, las segundas tienen como objetivo observar y expresar. Si no tienes un verdadero sentido de la moralidad a los treinta, una serie de televisión no te va a ayudar".

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No le falta razón a Handlen, pero eso no quita que la glorificación de Walter White no sea apreciable o que a la serie no le falten algunos contrapesos para clarificar su mensaje. Tampoco podemos pedir series subrayadas, no es eso —en los matices suele estar la calidad—, pero quizás cuando el mundo se torna oscuro y deprimente sí nos hacen falta referentes de bondad que aporten luz y alegría, aunque no únicamente. Y puede que estemos ante un cambio de ciclo.

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'Colegio Abbott'//Disney+

Es más fácil introducirse en universos de ficción tremebundos liderados por antihéroes cuando nos son completamente ajenos, pues opera la atracción por lo desconocido, pero cuando tenemos que presenciar a esos "villanos" en el día a día, el cuerpo pide algo distinto. No son cosas incompatibles, sino que responden a necesidades distintas. Está bien ponerse 'Colegio Abbott' (o, aquí, 'Mamen Mayo') y terminar el episodio pensando que el mundo puede ser un lugar agradable y que las personas se ayudan entre sí. Quedarnos con una sonrisa y con la mente despejada.

No necesitamos que nos den masticados los modelos de conducta positivos, pero es bonito recordar que el ser humano es bueno. ¿Será por eso que la gente vuelve una y otra vez a 'Friends', 'Las chicas Gilmore', 'Parks and Recreation', 'Seinfeld' y otras series que nos dejan el corazón calentito?

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Headshot of Álvaro Onieva

Nací en Wisteria Lane, fui compañero de piso de Hannah Horvath y 'Chicago' me volvió loco porque Roxie Hart soy yo. Tengo la lengua afilada, pero, como dijo Lola Flores, "me tenían que dar una subvención por la alegría".